jueves, 14 de octubre de 2010

Un testigo indeseable

“Llevo 18 años haciendo periodismo”, expresa Morris en entrevista exclusiva con El Planeta. “Durante ese tiempo he tenido la oportunidad de recorrer la otra Colombia, de ver la cara de nuestros campesinos, de nuestros líderes sociales. La cara de tristeza, el rostro de la guerra. Cuando uno ve ese rostro, cuando uno ve las víctimas es muy difícil despegarse de ese compromi so.
“Hay una diferencia entre ser periodista de oposición y ser periodista contrapoder”, explica Morris. “El periodista en esencia va contra el poder. Contra el poder guerrillero, contra el poder paramilitar, contra el poder del narcotráfico, contra el poder del político corrupto. Nuestra misión es velar a los poderes, vigilarlos, aplaudirlos y denunciarlos cuando cometan excesos”.
“El periodismo de Contravía pretendía romper el embrujo que le decía al país que el gobierno de Uribe era respetuoso de las libertades ciudadanas, que pretendió vender la idea de la seguridad democrática, a costa de grandes violaciones de los derechos humanos”, dice a El Planeta. “Contravía fue el único espacio en televisión durante los ocho años del gobierno Uribe se dedicó a recorrer las regiones y los sitios más olvidados donde se estaba llevando el conflicto y que se dedicó a registrar las víctimas y a denunciar”.
“Se hizo importante denunciar a un gobierno que desde sus primeros meses le planteó al país que los defensores de derechos humanos eran aliados del terrorismo”, añade Morris. “En ese momento pensamos que había que estar atentos frente a un gobierno que le decía a la sociedad sin ninguna vergüenza que en Colombia no había desplazados sino ’migrantes económicos‘. Había que estar atentos frente a un gobierno que señalaba y estigmatizaba al periodismo independiente”.
seguían las afirmaciones del entonces presidente Uribe, Morris era colaborador de la guerrilla – una acusación que en Colombia se constituye como una verdadera sentencia de muerte. “Solo hasta el año pasado… fue cuando nos dimos cuenta de la magnitud de lo que se estaba tejiendo en nuestra contra”, explica Morris. “Este era un operativo nacional, con recursos del Estado, para acabar con [mi honra]. A través de la prensa supimos de algunos documentos como las ordenes que desde el DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) se impartieron para sabotearnos, seguirnos de manera ilegal y bloquear la visa”.
Pese a todo, el periodista salió triunfante de esta intensa conspiración burocrática, y hoy se encuentra disfrutando de su beca en Harvard gracias a la Fundación Nieman

http://www.tuboston.com/article-4487-hollman-morris-un-testigo-indeseableen-harvard.html
Hollman Morris: Un 'testigo indeseable'en Harvard

Por Laura del Castillo

A principios de julio del presente año, Hollman Morris –uno de los periodistas colombianos más prestigiosos y reconocidos a nivel nacional e internacional de los últimos años– fue notificado por la embajada de Estados Unidos en Colombia de que su visa había sido negada. Su intención de venir a este país no era otro que llevar a cabo sus estudios como becario del programa de periodismo de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard.

Generó gran sorpresa entre diversos sectores que este periodista tan premiado por su labor por la paz en un país traumatizado por guerra y violencia (y quien en días recientes ganó el Premio Internacional de Nuremburg de Derechos Humanos), fuera rechazado por supuestas “actividades terroristas”.

Hoy, Morris está viviendo en Cambridge y estudiando, pero superar las acusaciones en su contra no fue fácil. Lo que varias investigaciones ahora han revelado es que entidades del mismo gobierno colombiano actuaron para dañar su trabajo, desprestigiar su imagen e influenciar el proceso de obtención de su visa a través de una campaña sucia y pruebas falsas en su contra.

No es su primera vez en este país. Morris habría pisado territorio estadounidense desde hace varios años atrás para hablar de la preocupante situación de los derechos humanos en Colombia.

Incluso, en 2005, la embajada estadounidense expidió visas para él y su familia en un proceso rápido después de haber recibido múltiples amenazas de muerte. Hasta su esposa había recibido amenazas telefónicas de paramilitares de extrema derecha mientras se encontraba embarazada de su segundo hijo. Tras volver a Colombia, los hijos de la pareja – una niña de 9 y un niño de 4– fueron víctimas de constantes seguimientos, obligados a movilizarse todo el tiempo con guardaespaldas.

Sin embargo, la embajada de EE.UU. quería impedir en esta ocasión el ingreso de este periodista colombiano al país por sospechas infundadas de terrorismo, aún cuando la Fiscalía General de la Nación en Colombia ha establecido que no cuenta con ningún antecedente criminal.

Gracias a diferentes acciones de presión dirigidas al Departamento de Estado y a su Secretaria General, Hillary Clinton, esta entidad reversó su decisión y finalmente la embajada le otorgó la visa a Hollman y su familia, a mediados del pasado mes de julio. En esta campaña participaron organizaciones y personalidades como Human Rights Watch, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la Organización de Estados Americanos (OEA) y Bob Giles, curador de la Fundación Nieman.

CARRERA EN “CONTRAVÍA” CONTRA EL PODER
“Llevo 18 años haciendo periodismo”, expresa Morris en entrevista exclusiva con El Planeta. “Durante ese tiempo he tenido la oportunidad de recorrer la otra Colombia, de ver la cara de nuestros campesinos, de nuestros líderes sociales. La cara de tristeza, el rostro de la guerra. Cuando uno ve ese rostro, cuando uno ve las víctimas es muy difícil despegarse de ese compromi so.

Cada año ese compromiso se seguía afianzando en mí, porque era muy difícil guardar silencio, llegar a Bogotá, sentarse con las comodidades que nosotros tenemos en la capital para sentarse a escribir o editar notas en televisión, incoloras, sin sentimientos y sin compromiso, luego de ver esa realidad”.

Morris ha trabajado como reportero de radio y televisión en destacadas emisoras y canales de televisión nacionales e internacionales: la BBC de Londres, Radio Francia Internacional y The History Channel, en un programa llamado “Tiempo Real”. Inició y editó la sección de Paz y Derechos Humanos del periódico colombiano El Espectador, el segundo de mayor circulación nacional. En dos ocasiones obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en reconocimiento a su labor cubriendo el conflicto armado en Colombia.

Hay quienes lo califican como un periodista de “oposición”, pero a él no le gusta el término.

“Hay una diferencia entre ser periodista de oposición y ser periodista contrapoder”, explica Morris. “El periodista en esencia va contra el poder. Contra el poder guerrillero, contra el poder paramilitar, contra el poder del narcotráfico, contra el poder del político corrupto. Nuestra misión es velar a los poderes, vigilarlos, aplaudirlos y denunciarlos cuando cometan excesos”.

Después de haber estado exiliado en España con su familia, debido a amenazas de muerte, Hollman regresa a Colombia en 2003 para embarcarse en un nuevo proyecto llamado “Contravía”, uno de los programas periodísticos más polémicos que se hayan transmitido en la televisión colombiana en los últimos años.

“El periodismo de Contravía pretendía romper el embrujo que le decía al país que el gobierno de Uribe era respetuoso de las libertades ciudadanas, que pretendió vender la idea de la seguridad democrática, a costa de grandes violaciones de los derechos humanos”, dice a El Planeta. “Contravía fue el único espacio en televisión durante los ocho años del gobierno Uribe se dedicó a recorrer las regiones y los sitios más olvidados donde se estaba llevando el conflicto y que se dedicó a registrar las víctimas y a denunciar”.

Los más de 220 capítulos de este programa se han convertido en una importante fuente de la memoria histórica que ha reabierto casos de violaciones de derechos humanos que ya parecían archivados para siempre.

“Se hizo importante denunciar a un gobierno que desde sus primeros meses le planteó al país que los defensores de derechos humanos eran aliados del terrorismo”, añade Morris. “En ese momento pensamos que había que estar atentos frente a un gobierno que le decía a la sociedad sin ninguna vergüenza que en Colombia no había desplazados sino ’migrantes económicos‘. Había que estar atentos frente a un gobierno que señalaba y estigmatizaba al periodismo independiente”.

Entre los episodios más destacados de Contravía está uno que realizó Morris y su equipo en abril de 2005, mientras que paradójicamente era acusado por el gobierno de ser un aliado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC–, el grupo guerrillero más antiguo y numeroso de América Latina. En esta ocasión, Hollman se desplazó a Toribío, una pequeña población indígena, ubicada en el departamento del Cauca, que había quedado en escombros luego de que las FARC hubieran bombardeado un puesto de policía que se encontraba entre las casas de sus habitantes. Pasaron varios días en pueblos cercanos acompañando a los sobrevivientes refugiados en escuelas y otras áreas comunales.

Entrevistaron a las víctimas y a sus líderes, pero también conversaron con autoridades militares y jefes de la guerrilla a los que cuestionó por su accionar sin pensar en los civiles.

Su trabajo fue tan impactante que el reportaje es considerado actualmente como uno de los mejores emitidos por la televisión colombiana y obtuvo, dos años después, el premio Nuevo Periodismo Iberoamericano. En ese mismo año, Hollman recibió en Nueva York el Premio Human Rights Watch otorgado cada año a los defensores de derechos humanos más destacados de todo el mundo.

SU TRABAJO, ¿SU CRIMEN?
No obstante, seguían las afirmaciones del entonces presidente Uribe, Morris era colaborador de la guerrilla – una acusación que en Colombia se constituye como una verdadera sentencia de muerte. “Solo hasta el año pasado… fue cuando nos dimos cuenta de la magnitud de lo que se estaba tejiendo en nuestra contra”, explica Morris. “Este era un operativo nacional, con recursos del Estado, para acabar con [mi honra]. A través de la prensa supimos de algunos documentos como las ordenes que desde el DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) se impartieron para sabotearnos, seguirnos de manera ilegal y bloquear la visa”.

En febrero del año pasado la revista colombiana Semana publicó un reportaje en el que se revelaba que el DAS estaba llevando a cabo interceptaciones telefónicas y otras actividades de espionaje. En posteriores allanamientos a las oficinas del DAS, investigadores de la Fiscalía General encontraron documentos clasificados detallando la “Operación Puerto Asís”. Afirma textualmente que el objetivo de este operativo era crear pruebas falsas de vínculos de Hollman Morris con las FARC que permitieran lanzar una campaña internacional de desprestigio en su contra.

Morris prefiere no hacer hipótesis sobre la razón exacta de que algunos en el gobierno colombiano no quisieron que viajara a EE.UU. Pero es, en definitiva, un “testigo indeseable” (como se titula un premiado documental sobre su vida realizado por el documentalista colombo-suizo Juan Lozano).

Pese a todo, el periodista salió triunfante de esta intensa conspiración burocrática, y hoy se encuentra disfrutando de su beca en Harvard gracias a la Fundación Nieman.

“Espero aprovechar el programa… para afianzar el tema de construcción de memoria histórica desde el relato audiovisual y el periodismo”, dijo. Fue seleccionado por la Fundación para formar parte de un selecto grupo de 12 periodistas de todo el mundo que recibirían durante un año los beneficios de la beca.

Lo que Hollman más agradece a todas las organizaciones y personalidades que lo apoyaron para lograr que le fuera otorgada la visa es el hecho de que lo hubieran devuelto algo que desde hace tiempo ya le era ajeno: la tranquilidad.

“Después de haber vivido 10 años bajo amenazas, con una zozobra constante, la beca Nieman me ha hecho un favor,” expresa Morris.

“Le ha devuelto la calma a una familia a, a dos menores de edad, mis hijos que no conocían su vida sin escoltas sin carros blindados. Sobre esa tranquilidad es indudable que voy a edificar y consolidar proyectos como periodista, mientras puedo salir a montar en bicicleta a un parque con mis hijos”, finaliza el periodista colombiano.

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